Cinco perspectivas marcarán el 2026 considera Suramericana


Santo Domingo, Marzo 2026.-
 La convergencia de riesgos interdependientes y la aceleración del cambio serán factores críticos para América Latina en 2026. Según el análisis «Perspectivas 2026» de Suramericana, en su rol de Gestor de Tendencias y riesgos, habrá cinco fuerzas que influirán en la toma de decisiones de gobiernos, empresas y ciudadanos el próximo año, en las que la fragilidad política, los retos en el crecimiento económico, las presiones sociales, las amenazas tecnológicas y la crisis climática se alimentarán mutuamente, lo que exige un giro radical hacia la gestión anticipatoria. Se trata de cinco dimensiones que incluyen dinámicas políticas, económicas, sociales, tecnológicas y ambientales, que están tomando forma simultáneamente y explican la creciente incertidumbre del entorno regional.

Estas señales muestran un año en el que los riesgos serán más interdependientes, la velocidad del cambio aumentará y las decisiones de los gobiernos y organizaciones deberán centrarse en la anticipación.

“Hoy los riesgos convergen, se amplifican y requieren nuevas capacidades de anticipación. Este análisis busca aportar claridad en un entorno desafiante, donde la resiliencia y la gestión del riesgo serán esenciales para el bienestar y la competitividad. Por esto, comprender estas fuerzas y prepararse frente a ellas es fundamental para proteger el bienestar, la competitividad y la sostenibilidad.”, afirmó Juana Francisca Llano, presidente de Suramericana.

1. Política: gobernabilidad en tensión y riesgos crecientes para la institucionalidad

La región llega a 2026 con presiones crecientes sobre la estabilidad política. Persisten riesgos asociados a la corrupción y a la debilidad fiscal, lo que limita la confianza ciudadana y la capacidad de respuesta del Estado. Además, aumenta el escepticismo democrático: según Latinobarómetro 2024 solo el 52% de las personas considera que la democracia es la mejor forma de gobierno. Este panorama se agrava con la consolidación de la desinformación como riesgo estructural, especialmente en un año marcado por más de una docena de procesos electorales que pondrán a prueba la gobernabilidad en América Latina y el mundo.

2. Economía: bajo crecimiento, restricciones fiscales y ajustes en el comercio global

Las señales económicas apuntan a un crecimiento bajo en 2026 y a mayores exigencias fiscales. La región enfrenta un ciclo prolongado de menor dinamismo productivo y de menores márgenes de inversión. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento global cercano al 3,1%, lo que confirma un escenario económico moderado. A esto se suman las presiones sobre las cadenas globales de valor y brechas estructurales que exigen fortalecer productividad, infraestructura y capacidades tecnológicas. Las empresas y los gobiernos deberán adaptarse a un entorno financiero más desafiante, con decisiones estratégicas cada vez más sensibles a la coyuntura global.

3. Social: sistemas de bienestar bajo presión y transformación acelerada del empleo

El bienestar social enfrenta presiones crecientes producto de la informalidad, el envejecimiento y las desigualdades en acceso a educación y salud. Los sistemas de protección social siguen siendo insuficientes frente a la velocidad de los cambios demográficos y laborales. La salud mental emerge como un desafío prioritario: la Organización Mundial de la Salud estima que la ansiedad y la depresión generan miles de millones de días laborales perdidos al año en todo el mundo. Al mismo tiempo, la digitalización y la automatización reconfiguran roles y tareas, lo que demanda nuevas habilidades y mayor coordinación entre gobiernos, empresas y sistemas educativos.

4. Tecnología: más digitalización, mayor autonomía de la IA y riesgos crecientes en ciberseguridad

La aceleración tecnológica seguirá transformando los entornos productivos y sociales. La dependencia de infraestructuras digitales críticas y el creciente volumen de datos amplían las vulnerabilidades de los sistemas. La inteligencia artificial dará un salto en autonomía, con sistemas capaces de ejecutar tareas complejas en múltiples industrias. Sin embargo, las amenazas también evolucionan: ENISA reporta que los ciberataques contra infraestructuras industriales aumentaron un 140% entre 2022 y 2025, lo que revela la necesidad urgente de fortalecer la resiliencia digital, adoptar arquitecturas Zero Trust y robustecer la gobernanza tecnológica.

5. Ambiental: un año crítico marcado por el estrés hídrico y eventos climáticos más extremos

La dimensión ambiental será determinante en 2026. Los eventos climáticos extremos continúan intensificándose y elevando los riesgos para la infraestructura, la agricultura y las ciudades. La Organización Meteorológica Mundial confirma que el planeta ya registra un aumento de 1,1°C respecto a niveles preindustriales, lo que incrementa sequías, inundaciones e incendios. América Latina enfrenta un estrés hídrico creciente y una presión acelerada sobre sus ecosistemas. Las ciudades se posicionan como actores clave de la acción climática, mientras que estándares globales como ISSB y TNFD aumentan las exigencias en materia de divulgación ambiental y de estrategias de transición energética.

“Estas perspectivas para 2026 evidencian que ninguna fuerza actúa de manera aislada. Lo político, lo económico, lo social, lo tecnológico y lo ambiental se influyen mutuamente y requieren decisiones más coordinadas y conscientes. Reconocer esa interdependencia es fundamental para actuar con anticipación y construir resiliencia”, concluyó Llano.